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Buen relato. Caliente y creible, suficiente. Sin otras pretenciones que relatar una situacion incestuosa. Un favor para mama.

Mi madre es una mujer muy pervertida. Tiene un cuerpo mejor a sus 40 que algunas chicas con Quiero pedirte un favor. Eso fue un alivio. Aquello no me lo esperaba, era tan delicioso.

Acabada de tener el mejor orgasmo de mi vida. No me lo creo. Mi pene se puso duro otra vez al instante. Pero yo iba a poner mis condiciones.

Oooh, si! Ooh dios, que bien lo haces! Yo estaba orgulloso de mi trabajo. Yo estaba casi asustado. Me derrumbe sobre su espalda mientras intentaba recuperar el aliento,.

Yo la besaba suavemente en cuello y hombros. Nos abrazamos y nos quedamos dormidos sin mediar palabra. Se movan hacia los lados.

Siempre volviendo a su sitio. Ella se sent en la mesa, poniendo el humeante caf delante. Sus tetas se apretaban contra el borde. Alberto haca grandes esfuerzos para no mirarlas.

Qu es de tu vida? Estudias Ingeniera, No? Por ahora voy tirando. La sangre se le subi a la cara.

La not caliente. Saba que estaba rojo, y eso lo pona an ms rojo. Mir a su desayuno pidindole a la tierra que se abriera y se lo tragara.

Ni ahora ni antes. Nunca haba tenido una chica. Era muy tmido y apenas sala con sus amigos. Un chico tan guapete como t, sin novia.

Alberto no era un guaperas, pero tampoco era feo. Era resultn. Lo mejor eran sus profundos ojos, pero como casi nunca mantena su mirada en la otra persona, muchos los desconocan.

La llegada de su madre lo salv. Has dormido bien? Muchas gracias por todo, Mara. La familia est para estas cosas.

Ellas se pusieron a hablar y Alberto aprovech la ocasin para escabullirse, ocultando con sus manos la ereccin claramente visible en su pijama. Se fue a su cuarto, cerr la puerta y se sac la polla.

La agarr con su mano y empez una lenta paja recordando las tetas de su ta Maribel. Como todo chico en tiempos de internet, era un experto en tetas.

Haba visto muchas. Grandes, pequeas, normales, cadas, tiesas. De todos los diferentes tipos de tetas, haba uno en especial, el que ms le gustaba.

Aquellas que no son separadas. Que nacen justo en el esternn. Que son amplias, redondas,. Y as eran justo las tetas de su ta. Las tetas perfectas. Se corri imaginando su cara metida entre aquellas dos hermosas masas de carne.

Dej su escritorio con grandes chorros de semen. Cuando estaba muy excitado, las corridas de Alberto eran muy abundantes.

Y su ta siempre lo pona muy excitado. Limpi el desaguisado, se visti y fue a despedirse. Su madre y su ta seguan dndole a la hebra.

Hasta luego. Alberto le ech una ltima mirada al escote de Maribel y se march. Estoy muy orgullosa de l. Bueno, lo estamos, su padre y yo.

Aunque a ver si espabila un poco. Muy tmido. Pero ya se le pasar, mujer. En cuanto encuentre una novia, se espabila enseguida.

Es espero. Pasaron los das y todos se fueron haciendo a la nueva situacin. El que mejor se lo pasaba era Alberto. Se haca una paja al despertarse y otra al acostarse.

Muchos das, para la tarde caa otra. Y todas en honor a su ta Maribel y sus hermosas tetas. No se cansaba de mirarlas, de reojo.

Sobre todo por las maanas, cuando ella se levantaba y apareca con sus pijamitas ajustados. Maribel no era tonta, y enseguida se dio cuenta de como la miraba su sobrino.

Se la coma con los ojos. Lejos de molestarle, le encantaba saber que atraa a un joven, aunque fuera su sobrino. Una maana, se levant y fue a hacer pis.

Antes de salir del bao, se mir al espejo. Tena una camiseta de tirantes. Sin sujetador. Las tetas se salan por los lados, por el escote.

Se pas las manos por ellas, sonriendo a la imagen del espejo. Pens en volver a su cuarto y ponerse algo ms Sali del bao y fue a la cocina.

Los ojos de su sobrino se abrieron como platos en cuanto la vio. Enseguida desvi la mirada. Maribel, como si no pasara nada, se sent en frente de l.

Alberto se acababa de hacer una rica paja en su cama, y al ver a su ta as, volvi a tener una fuerte ereccin. Menos mal que tena puestos unos vaqueros y poda disimular.

Pero la polla le dola all encerrada, apretada, constreida, estrangulada. La ta Maribel hablaba con su madre, como si tal cosa.

Alberto miraba aquellas dos maravillas. Alberto se march. Mara le dijo a su hermana. Que soy su ta. Adems, seguro que en su clase hay muchas chicas que van ms 'ligeras' que yo.

Que aunque Alberto sea tu sobrino, Rodolfo es tu cuado y si te viera as se lanzaba sobre ti. Vale, Mara.

Ir ms tapadita. Cumpli su palabra. Nunca ms se puso aquella camiseta de tirantes delante de la familia. Pero sigui usando sus ceidos pijamas.

Y sigui recibiendo las furtivas miradas de su sobrino. Amaneci un sbado. Maribel se despert, fue al bao y despus a la cocina. Alberto estaba ya desayunando.

Me hace vieja. Lmame Maribel. Se puso a prepararse un cafelito. Los ojos de Alberto fijos en su culo, tapado por un corto pantaloncito. Cuando lo termin, como siempre, se sent a la mesa y se puso a tomrselo a sorbitos.

Ahora, los ojos de Alberto iban de su plato a sus tetas. De sus tetas, a su plato. Me las vas a gastar de tanto mirarlas. Alberto se qued petrificado.

Los colores se le subieron a la cara. No poda ni hablar. Se senta terriblemente avergonzado. Mir a Maribel, que lo miraba a l, con una media sonrisa.

No pudo resistirlo y se levant, huyendo hacia su cuarto. Ella tambin se sorprendi de la reaccin de su sobrino.

Pero que brutita eres", se dijo. Saba de la timidez de Alberto y record lo que la haba pasado haca aos con un amigo, tan tmido o ms que su sobrino.

En broma lo humill en pblico y perdi su amistad para siempre. Se levant y fue a hablar con Alberto. La puerta estaba cerrada y toc.

No hubo respuesta. Se atrevi a abrir, lentamente, la puerta. Maribel entr en la habitacin y cerr la puerta. Se acerc a la cama y se sent al lado de su sobrino.

Fui un poco bruta. El muchacho no dijo nada. Slo se frot las manos, nervioso. Segua frotndose las manos. Y segua colorado.

Maribel puso una mano en su rodilla y apret. Di que me perdonas. Alberto levant la vista y la mir a los ojos un segundo, apartando la vista rpidamente.

Maribel vio su azoramiento. Le solt la rodilla y se levant, acercndose hasta la puerta. Mene el culito. Saba que l la estaba mirando. Abri la puerta y se gir con rapidez suficiente para ver como Alberto desviaba la mirada.

Cerr la puerta y se march, dejando tras de ella a un boquiabierto Alberto. No slo no le importaba, sino que esas miradas del tmido joven le gustaban.

Cuando su marido empez a ponerle los cuernos se sinti no slo humillada, sino que hasta lleg al extremo de que su autoestima se cay por los suelos.

Se encerr en s misma y ahora ese muchacho, su sobrino, la estaban sacando de ese estado. Se empez a sentir otra vez atractiva, deseada.

Y hasta, en cierta medida, excitada. Alberto era su sobrino. Saba que la deseaba. Y saba que no deba ser as. Pero qu dao podra hacerle que la mirase?

A lo mejor as se espabilaba y hasta le vena bien. Despus de varios minutos, Alberto se atrevi a salir de su cuarto y volvi a la cocina.

All, su ta, su madre y su padre estaban desayunando y hablando. Te vienes? El chico pensaba a mil por hora. Si su ta no se iba con sus padres eso significaba que se quedara a solas con su ta.

Eso lo excitaba y asustaba al mismo tiempo, a tal punto, que estuvo a punto de decir que ira con ello. Una rpida mirada a su ta, que lo miraba sonriendo le hizo desistir.

Tengo que estudiar, mami. Nos vamos tu padre y yo. Despus del desayuno su padre y su madre se fueron a vestir y despus se marcharon.

Maribel fue a la puerta a despedirlo, y cuando regres al saln, se encontr a Alberto sentado mirando la tele. Es que no tena ganas de estar toda la maana arriba y abajo del centro comercial.

Maribel se sent en el sof de al lado. Enseguida volvieron los colores a la cara de Alberto, que no pudo aguantar la mirada de su ta y desvi sus ojos.

Mir al chico. Le gustaba el efecto que causaba en l. Verlo tan tmido, tan dulce, le gustaba. Volvi a sentirse mal por lo que haba pasado por la maana.

Se levant -Espera un momento. Ahora vuelvo. Se fue a su cuarto y busc en su ropero. Sac aquella camisa de tirantes que su hermana le sugiri no usar y se la puso, sin sujetador.

Regres al saln. As compensara el mal trago que le hizo pasar, y disfrutara ella de las miradas que tanto le gustaban.

Maribel not un cosquilleo en el estmago. Algo que no senta desde haca aos. Los ojos de Alberto al verla eran como los de aquella vez. Me la he puesto para que me perdones por lo de esta maana.

Pero no le digas nada a tu madre, eh? Se volvi a sentar. Alberto se puso a mirar la tele, evitando mirar hacia ella. Me he puesto as para que me mires a m, no a la tele.

Con gran esfuerzo y la cara ardiendo, Alberto se atrevi a mirar a su ta. Estaba preciosa. Y esas tetas Se qued mirndolas. Y saba que ella lo miraba a l.

Al fin eres rotundo. Alberto se atrevi a sonrer. Su corazn empez a latir con fuerza cuando ella se levant y se sent a su lado. Hasta el lleg el ligero aroma se su perfume.

Sinti que la polla se le empezaba a poner dura, y asustado, se puso con disimulo las manos encima. Maribel se dio cuenta.

A su sobrino se le estaba poniendo la polla dura. En otras circunstancias, todo habra acabado ah.

Incluso no habra ni siquiera llegado a ese punto. Pero su separacin, su falta de cario, su falta de sexo.

Aquel muchachito tan dulce, tan tierno. Y por qu Lo vio temblar. Rojo como un tomate. Te ponen Maribel se dio cuenta de que se estaba comportando como una autntica zorrita con su sobrino.

Pero lo malo no era eso. Lo malo es que le gustaba. Alberto no contest. No poda. Estaba petrificado. Y ms petrificado se qued cuando Maribel acerc sus manos a las suyas y las apart.

El bulto en su pijama era evidente. Mi sobrinito tiene algo duro ah escondido. Maribel se estaba excitando con todo aquello.

Sus pezones se empezaron a endurecer y a marcarse bajo la camisa. Y su coo se empez a mojar. Haca mucho tiempo que no se le mojaba.

Y qu haces cuando se te la pongo as? Maribel se acerc un poco ms, hasta que sus muslos se tocaron. Los dos sintieron escalofros.

Venga, dile a la ta Maribel si te la tocas cuando se te pone as. Su coo ya era un mar de jugos. Sus pezones le dolan de lo duros que estaban.

Y la polla de su sobrino pareca querer romper el pijama y salir. Maribel ya no poda ms, pero el hecho de que Alberto fuese su sobrino la retena un poco.

Alberto la mir, asombrado. Claro que se las quera ver. Era lo que ms deseaba en el mundo. Pero las palabras no se salan. Se miraban a los ojos.

Pero es tan difcil vrtelos. Si me lo pides, te las enseo. Qu quieres? Pdemelo bien Pdeme que te las ensee. Alberto aspir. Cogi aire.

Y mirando a su ta a los ojos, le dijo. Maribel se agarr la camisa por la cintura, tir de ella y se la quit por la cabeza. Sus dos preciosas tetas quedaron libres, a la vista de Alberto.

A ella le encant como l la miraba. Cruz las manos por delante, levantndolas un poco. Las tetas ms bonitas que he visto en mi vida. Has visto muchas, bribn?

Y al natural cuntas has visto? Las de ninguna novia? Los colores haban desaparecido. Volvieron con la pregunta. Eres virgen, Alberto?

Respondi con un apenas audible s. Eres muy joven. Ya vers como cuando aparezca la chica adecuada Alberto la mir a los ojos. Llenos de splicas.

Ella comprendi lo que esos ojos pedan. Pero eso no era posible. La mirada de Alberto se dirigi a las tetas nuevamente.

Maribel acariciaba su mano. Su suave mano. La mir con la boca abierta. No se poda creer que todo lo que estaba pasando fuese verdad.

Como a cmara lenta vio como su mano, guiada por la de su ta, se acercaba a una de las preciosas tetas.

Casi se corre en el pijama cuando sus dedos la tocaron. Maribel le solt la mano. Alberto no solt la teta. Era suave, clida, dura. Ella le sonrea.

Las tengo muy sensibles. Alberto empez a mover sus dedos. Acariciaba con las yemas, muy suavemente. Mir el oscuro pezn. Se atrevi a pasar su pulgar sobre l.

Estaba duro. Haca mucho que no me acariciaban as. Maribel senta su coo palpitar entre sus piernas. Su sobrino la estaba calentando mucho. Su inocencia la tena loquita.

Mi otra tetita se siente sola. Esta vez sin ayuda, Alberto llev su otra mano a la otra teta, y con ambas manos, las acarici.

Hay que acariciar, no estrujar. Me ests poniendo Un nuevo escalofro recorri la espalda de Alberto.

La mujer de sus sueos le acabada de decir que l la estaba poniendo cachonda. Maribel entrecerr los ojos. Mir hacia la polla de su sobrino. Hubiese jurado que palpitaba bajo el pijama.

Cmo sera? Mientras l segua acariciando y pellizcando con dulzura, acerc una mano hacia polla. La puso sobre ella y apret.

El cuerpo de Alberto se tens. Los dedos se apretaron contra las tetas. Maribel sinti como la polla tena espasmos. Su sobrino se estaba corriendo.

Maribel not por lo menos siete contracciones de la polla. Una mancha de humedad se empez a hacer visible. Alberto le solt las tetas y se qued mirando al suelo.

Si hubiese habido un agujero se hubiese tirado de cabeza sin pensarlo. Lo siento. No pasa nada. Estabas demasiado excitado.

Es normal. No le solt la polla. Dej all la mano. La mancha aumentaba de tamao. Tendr que lavarme los calzoncillos y el pijama -Jeje, s, porque si tu madre lo ve se va a preguntar que qu hiciste para apret la polla - correrte en los calzoncillos.

Otra vez los colores encendieron sus mejillas. Maribel lo mir. Maribel abri sus piernas. La mirada de Alberto fue directa a su coo. Claramente visible, haba tambin all una macha de humedad.

Ella no se haba puesto bragas. Pero estoy muy muy mojada. Ummmm ya no puedo ms. Me ayudas a correrme? Solt la polla y le cogi una mano.

Alberto se dej guiar hasta el pijama. Ella presion la palma de la mano en la zona. T me lo has puesto as. Y ahora te voy a ensear a hacerle una pajita a tu ta.

Quieres que tu ta te ensee a hacerla correr con tus dedos? Le gui la mano hacia arriba, hacia el elstico del pijama. El corazn de Alberto iba a mil por hora.

Vio como sus dedos se metan por debajo del pantaloncito. Lentamente, como ella le deca, fue metiendo la mano. Maribel se ech hacia atrs, pegando su espalda al respaldo del sof.

Miraba a los ojos de su sobrino. Eran en verdad preciosos. El primer coo que tocaba. El de su adorada ta. Estaba caliente, mojado.

No le cost nada pasar las yemas de sus dedos arriba y abajo. Siempre, despacito. Mir a su ta, buscando aprobacin.

Ella gema de placer, con los ojos semicerrados, la boca abierta. Lo recorri de arriba a abajo. Introdujo los dedos entre los clidos labios. Fue subiendo otra vez y not una zona distinta, como un botoncito.

Cuando sus yemas lo tocaron, la espalda de su ta se arque sobre el sof. Acaricia alrededor, con suavidad Alberto empez a acariciar alrededor.

Maribel se contorsionaba de placer. Y l la miraba. Estaba muy hermosa. Ms que nunca. Gimiendo del placer que l le daba. Era tan sexy, tan ertico mirarla.

Y le aguantaba la mirada. Ella lo miraba fijamente, gema y cerraba los ojos. Se pasaba la lengua por los labios, que se le resecaban una y otra vez al respirar por la boca.

Una boca preciosa. De labios gruesos. Eran una tentacin. Vas a hacerme correr Maribel cerr los ojos. Se pas la lengua una vez ms por los labios.

Se mordi el labio inferior y empez a separar su espalda del sof, dejando la cabeza apoyada. Jams en su vida Alberto olvidara ese momento.

El momento en que proporcionaba su primer orgasmo a una mujer. No apart los ojos de su bello rostro, crispado por el placer.

Sinti como ella se tensaba. En sus dedos not un aumento de humedad. Las preciosas tetas acercndose a su cara.

Maribel cerr con fuerza sus muslos, atrapando la mano que la estaba haciendo correr tan maravillosamente. Como haca mucho tiempo que no lo haca.

Aquel inexperto muchacho la estaba haciendo gozar con gran intensidad. Alberto vio como ella se relaj. Su cuerpo cay de nuevo hasta el sof. Sus muslos ya no apretaban su mano.

Los ojos seguan cerrados. La respiracin acelerada haca que su pecho subiera y bajara. Que sus tetas subieran y bajaran. Una sonrisa en sus labios.

Labios tentadores. Baj su cabeza, acerc su boca a la de ella y la bes. Tembl de pies a cabeza. Cerr los ojos para concentrarse en la sensacin de aquellos labios.

Cuando los abri, los de su ta tambin estaban abiertos. Y le miraban. Se separ, temiendo haber ido demasiado lejos. No haba pedido permiso para poder besarla.

No se haba separado ms de 15 centmetros cuando Maribel llev una mano a su nuca y lo atrajo hacia l. Lo bes con pasin, abriendo la boca, buscando su lengua.

Se besaron largos segundos. Se separaron. Ambos sonrean. Es la mejor paja que me han hecho en mi vida. El joven se hinch de orgullo.

Haba hecho gozar a la hermosa mujer con sus manos. Esta vez no hubo explosin. Adems, lo que quiero es sacarte ms. Venga, hrtate de teta.

Alberto llev sus manos a los objetos de su placer. Las dos estupendas tetas de Maribel. Las acarici y empez a gemir.

La mano de su ta se estaba metiendo por dentro de su pijama, como hizo l con la suya. La sinti enredar sus dedos en su vello y luego, bajar.

La sinti agarrar su polla sobre el calzoncillo. Cerr los ojos cuando su ta meti la mano por dentro del calzoncillo y agarr su polla.

Tienes una buena herramienta. Me la dejas ver? Ella tir del pijama y del calzoncillo con la otra mano, para descubrir la erecta polla de su sobrino. Era una linda polla, de las proporciones adecuadas y de buen grosor.

Estaba brillante, mojada. En los calzoncillos haba una buena cantidad de semen. Se lo dijo. Saba que a los hombres les gusta que se lo digan. Uf, y que gordita es.

Me encanta. Alberto no deca nada. Sus ojos iban de las tetas que acariciaba a la mano de su ta agarrando su polla.

Haca esfuerzos para no correrse. Cada latido de su corazn lo senta dos veces. Una en su pecho e instantes despus, en su polla, apretada por la delicada mano de su ta.

La mano empez a subir y bajar. Despacito, apretando. Maribel no quera que se corriera demasiado pronto. Quera que l disfrutara. Y ella.

Eso fue hace tres aos. Aument un poco el ritmo de la mano. Bueno, en todo. Lo dijo mirndola a los ojos. Ella sonri y acerc su boca a la suya.

Le bes con pasin. Siempre es agradable que le digan a una un piropo, sobre todo si es de un joven guapo como t.

Qu le hacas a mis tetas en tus Las acariciabas como ests haciendo ahora? Qu ms le hacas a mis tetitas? Le dabas besitos a mis tetas?

Maribel movi an ms rpido la mano. Saba que aquella polla estaba a punto de estallar. Imaginabas que Su cuerpo se tens, su polla empez a tener espasmos y de la punta sali disparado un poderoso chorro de semen que se estrell contra su pecho.

A Maribel le encant sentir el pulso de la corrida en su mano. Y saba que habra ms. Mirando la dura polla adivin el siguiente disparo y lo acompa con su mano.

Luego vino el tercero, y el cuarto. Todo el cuerpo de su sobrino era pura tensin. Los chorros de leche se acumulaban sobre el pecho del muchacho, manchando el pijama.

Maribel se maravill de la enorme corrida que l estaba teniendo, a pesar de haberse corrido no haca mucho. Al sptimo chorro la polla dej de manar, pero siguieron los espasmos.

Los dos ltimos chorros, ms flojos, le cayeron sobre la mano. Dej de moverla. La polla segua pulsando. Alberto segua sin respirar.

Por fin, lo hizo. Joder, nunca haba visto una polla soltar tanta leche. Es siempre as? Mira como has dejado mi manita.

No tienes que sentirlo. Una de las cosas que ms me gustan es ver una polla correrse. Y la forma en que la tuya lo ha hecho me ha encantado.

Le solt la polla. Aunque no tanto como antes, segua dura. Si tu madre lo ve as le da algo. Alberto se cambi de ropa y Maribel se visti.

El muchacho le dio una buena lavada a su pijama y despus lo llev al cesto de la ropa sucia. Lo escondi entre la dems ropa.

En ese momento vino Maribel, con las bragas y el pantaln de su pijama. Alberto alarg una mano y cogi las prendas.

An estaban calientes. Y las bragas mojadas. Los dos se miraron. Slo un poco. Y qu imaginaste que hacas con ellas? Mirndola a los ojos, se las acerc a la nariz y las oli.

Lo saba. Y - dijo mirndole la entrepierna - veo que te gusta como huele el coo de tu ta. No pudieron seguir porque en ese momento oyeron la puerta de la casa.

Alberto meti con prisas la ropa en el cesto y fue a la puerta a ayudar a sus padres a meter la compra. Como siempre que iban de compras, volvan discutiendo.

Te has pasado comprando. Como mucho Recogieron entre los cuatro la compras. Alberto y Maribel se echaban miraditas. Alberto se ha pegado todo el tiempo en su cuarto estudiando.

Luego me las peso y te digo. Rodolfo y Maribel rean a carcajadas. Ni Mara ni Alberto rean. A Mara no le gustaban ese tipo de bromas, y Alberto haba notado como su padre miraba a su cuada.

Como la miraba l. Maribel se qued en la cocina ayudando a su hermana a preparar la comida y los hombres se fueron al saln.

Que es una broma, coo. Una broma. Crees que no me he dado cuenta de cmo te la comes con los ojos" - pens Alberto. Que fuera la cuada de su padre pareca ser ms importante que el que fuera su ta.

Durante la comida siguieron las furtivas miradas. Maribel, disimulando, busc con su pierna la pierna de su sobrino. Cuando Alberto la sinti, dio un respingo.

Despus de comer, como siempre, Rodolfo fue a echarse una siesta. Maribel y Alberto se cruzaron por el pasillo. Alberto le ech una mirada de fuego.

Maribel lo mir, seria, pero no puedo evitar echarse a rer. Sobrinito lindo. Que estoy de broma, hombre.

Su hermana apareci por all y ya no pudieron seguir hablando. Ni durante el resto del da. Mara estaba habladora y no se separaba de Maribel.

Por la noche los cuatro se pusieron a ver una pelcula en el saln. Mara y Rodolfo en un sof, y Maribel y Alberto en otro. Cuando termin, Maribel se levant y se desperez.

Bueno, me caigo de sueo. Me voy a dormir. Buenas noches a todos. Alberto no dijo nada. Al poco, l tambin se fue a dormir.

Se acost en su cama, con los brazos detrs de la cabeza. Recordaba todo lo que haba pasado esa maana. Por fin haba tenido sexo con una mujer.

Y nada ms y nada menos que su ta, su adorada e idolatrada ta. Tan bella, tan sexy. Haba tenido entre sus manos sus maravillosas tetas.

Incluso la haba hecho correr masturbndola. Y ella a l.

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Yo la besaba suavemente en cuello y hombros. Nos abrazamos y nos quedamos dormidos sin mediar palabra. Y nos besamos apasionadamente.

Unknown 10 de agosto de , Unknown 25 de diciembre de , Lutheran Hospital 18 de octubre de , Jupiter 8 de noviembre de , Unknown 14 de abril de , Cobra Kai 12 de mayo de , Mayo Clinic 4 de junio de , Suscribirse a: Enviar comentarios Atom.

Al fin cuando me di cuenta de que ya haba pasado el peligro hice un movimiento con la pelvis y trat de acercar mi pene a sus nalgas, movindome como si ella tuviera una alarma puesta.

Pas ms de un minuto en el que fui 1. Sent riqusimo cuando mi verga roz sus nalgas, aun cuando traa puesto el pijama. Ella duerme slo en calzones y una playera arriba.

Como vi que no despertaba me qued quieto sin hacer ningn movimiento, simplemente sintiendo mi pene entre sus nalgas.

Empuj un poquito mas la pelvis y presione un poquito mi pene contra sus nalgas. Sent como mi pene se acomodaba en el surco que divide los dos cachetes de su culo.

Y se lo dej ah toda la noche. Sin poder dormir. Simplemente concentrado en el placer de sentir su cuerpo calientito arrullando mi pene.

Era tan rico que casi no me senta mal de estar haciendo eso. Saba que no deba hacerlo, pero no poda despegar mi pene de ah: se senta tan suave.

Ella estaba tan calientita. Y yo estaba tan caliente que era la nica manera de aliviar la tensin de estar as. Como se imaginarn soy virgen y nunca hasta ahora he tenido novia.

Ni siquiera se qu se siente acariciarle el seno a una mujer. Y por supuesto nunca haba estado tan cerca de una mujer. As que pas toda la noche pegadito a ella.

Eso fue la semana pasada. Y hasta ayer mi hermana no me haba dicho nada. Ahora no s qu voy a hacer, ahora que ella ya se dio cuenta y no creo que vaya a poder volver a hacerlo.

Y como tampoco puedo masturbarme no s cmo voy a poder aguantarme las ganas. La Tia Maribel La noticia corri en la familia como la plvora. La ta Maribel se separaba del to Juan.

Durante la comida, Mara hablaba con Rodolfo, su marido. Parecan una pareja tan bien avenida. Bueno, tampoco es que los visemos tan a menudo.

Mara hizo un gesto con una mano, levantando el dedo meique y el ndice, tratando de que Alberto, su hijo, no se diera cuenta. Pero Alberto, aunque callado, se fijaba en todo.

Entendi que el Juan le pona los cuernos a la ta Maribel. Por unos cuernecillos de nada No son cosas que tenga que saber a su edad.

Ya es mayorcito para saber las cosas de la familia. Joder, que ya tiene 18 abriles. Por lo visto fueron varias veces.

Los hombres, siempre justificndose entre ustedes. Alberto no deca nada, pero escuchaba todo. Haca mucho que no vea a sus tos, pues vivan en otra provincia.

Se puso a pensar en eso que deca su padre sobre que la ta Maribel no le daba al to Juan lo que quera. La ltima vez que vio a su ta fue haca tres aos, y recordaba dos cosas.

Que era muy simptica y que tena el par de tetas ms bonitos que conoca. Ella era una mujer de peso normal, no gruesa, pero sus tetas eran grandes.

Desde aquel da fue el blanco de su nocturno onanismo. Se pasaba el da intentando atisbar aquellas dos redondeces, meterlas en su mente para por las noches dar rienda suelta a su placer.

Ella estuvo una semana en su casa, y el da que la vio con una camiseta no lo iba a olvidar en toda su vida. Blanca, ajustada, con tirantes. No llevaba sujetador.

Escote amplio. Los pezones se notaban tras la fina tela. Alberto casi se puso a babear. No entenda como aquellas dos maravillas se mantenan solas, desafiando a la ley de la gravedad.

Esa visin lo acompa ms de un mes cada noche, en su cama. Y an hoy en da, tres aos despus de vez en cuando la recordaba.

Es que tenemos que ayudarnos entre nosotros. Le he dicho que se venga una temporada a casa - dijo Mara. Los dos hombres dieron un respingo interior.

Alberto no era inmune a los encantos de su cuada. No te importa, verdad? El tiempo que haga falta. Rodolfo sonri. Se haba ganado una buena mamada esa noche.

Alberto pensaba en su ta. Habra cambiado en estos aos? Seguira tan hermosa como siempre? La tendra en casa. La vera todos los das. Slo de imaginarlo, la polla se le puso morcillona.

Maribel acept la invitacin de su hermana para irse a vivir con ellos una temporada. Necesitaba un cambio de aires.

Adems, haca tiempo que no los vea. Mara su hermana, a la que quera con locura. Rodolfo, su simptico cuado, siempre bromeando con ella, metindose con su fsico, pero siempre respetndola.

Y Alberto, su sobrino, tan tmido, que la miraba con admiracin. Hizo las maletas, cogi el tren y se march.

La fueron a buscar a la estacin. Abrazos y besos de las hermanas. Abrazos y besos para su cuado. Abrazos y besos para su sobrino.

Eres ya todo un hombre. Alberto se estremeci cuando sinti contra su pecho aplastarse las dos tetas de su ta. Le parecieron duras.

Su labios eran clidos, su piel suave. La recordaba hermosa. Ahora le pareci an ms hermosa. Alberto arrastr las maletas. Se rezag un poco de los dems.

Su madre y su ta hablaban entre ellas. Su padre se adelant a buscar el coche. Y l, miraba como su ta meneaba su redondo culito.

Maribel se dio la vuelta y le sonri. El coche apreci y par. Entre su padre y l metieron las maletas.

Maribel se sent detrs. Alberto sinti un escalofro. Iba a estar ms de media hora sentado detrs con ella. Abri la puerta pare entrar. Tengo mucho de que hablar con tu ta - dijo su madre.

El pobre muchacho maldijo su mala suerte. Se pas el resto del camino callado, oyendo como su madre y su ta no dejaban de hablar.

Hasta su padre terciaba de vez en cuando. Cuando llegaron a la casa, Alberto llev las maletas a la habitacin que haban preparado para Maribel.

Era la habitacin contigua a la suya. Esa noche, Alberto, acostado en su cama, se acariciaba la polla recordando la presin de las tetas de su ta contra su pecho.

Los tres aos pasados la haban hecho ms apetecible. El orgasmo fue intenso. La corrida, abundante. Manch las sbanas a pesar de tener preparado, como siempre, papel higinico para recoger el fruto de su placer.

Ella estaba al lado. Slo los separaba un fino tabique. En cuando Alberto vio aparecer a su ta por la maana en la cocina, supo que su estancia iba a ser una tortura.

Vena con un pijama cortito. La camisa ajustada, con un escote por el que asomaban sus dos impresionantes tetas. Alberto se qued embobado mirndolas, hasta que Maribel salud.

He dormido como un lirn. Hola sobrino -Ho Buenos das. Pap ya se fue a trabajar. Con la polla dura bajo la mesa, Alberto miraba como el culito de Maribel se meneaba de un lado para otro mientras se preparaba el caf.

Sus tetas se agitaban con el movimiento. Suban, bajaban. Se movan hacia los lados. Siempre volviendo a su sitio.

Ella se sent en la mesa, poniendo el humeante caf delante. Sus tetas se apretaban contra el borde. Alberto haca grandes esfuerzos para no mirarlas.

Qu es de tu vida? Estudias Ingeniera, No? Por ahora voy tirando. La sangre se le subi a la cara. La not caliente.

Saba que estaba rojo, y eso lo pona an ms rojo. Mir a su desayuno pidindole a la tierra que se abriera y se lo tragara. Ni ahora ni antes. Nunca haba tenido una chica.

Era muy tmido y apenas sala con sus amigos. Un chico tan guapete como t, sin novia. Alberto no era un guaperas, pero tampoco era feo.

Era resultn. Lo mejor eran sus profundos ojos, pero como casi nunca mantena su mirada en la otra persona, muchos los desconocan.

La llegada de su madre lo salv. Has dormido bien? Muchas gracias por todo, Mara. La familia est para estas cosas. Ellas se pusieron a hablar y Alberto aprovech la ocasin para escabullirse, ocultando con sus manos la ereccin claramente visible en su pijama.

Se fue a su cuarto, cerr la puerta y se sac la polla. La agarr con su mano y empez una lenta paja recordando las tetas de su ta Maribel. Como todo chico en tiempos de internet, era un experto en tetas.

Haba visto muchas. Grandes, pequeas, normales, cadas, tiesas. De todos los diferentes tipos de tetas, haba uno en especial, el que ms le gustaba.

Aquellas que no son separadas. Que nacen justo en el esternn. Que son amplias, redondas,. Y as eran justo las tetas de su ta. Las tetas perfectas.

Se corri imaginando su cara metida entre aquellas dos hermosas masas de carne. Dej su escritorio con grandes chorros de semen.

Cuando estaba muy excitado, las corridas de Alberto eran muy abundantes. Y su ta siempre lo pona muy excitado. Limpi el desaguisado, se visti y fue a despedirse.

Su madre y su ta seguan dndole a la hebra. Hasta luego. Alberto le ech una ltima mirada al escote de Maribel y se march.

Estoy muy orgullosa de l. Bueno, lo estamos, su padre y yo. Aunque a ver si espabila un poco. Muy tmido. Pero ya se le pasar, mujer.

En cuanto encuentre una novia, se espabila enseguida. Es espero. Pasaron los das y todos se fueron haciendo a la nueva situacin. El que mejor se lo pasaba era Alberto.

Se haca una paja al despertarse y otra al acostarse. Muchos das, para la tarde caa otra. Y todas en honor a su ta Maribel y sus hermosas tetas.

No se cansaba de mirarlas, de reojo. Sobre todo por las maanas, cuando ella se levantaba y apareca con sus pijamitas ajustados. Maribel no era tonta, y enseguida se dio cuenta de como la miraba su sobrino.

Se la coma con los ojos. Lejos de molestarle, le encantaba saber que atraa a un joven, aunque fuera su sobrino. Una maana, se levant y fue a hacer pis.

Antes de salir del bao, se mir al espejo. Tena una camiseta de tirantes. Sin sujetador. Las tetas se salan por los lados, por el escote.

Se pas las manos por ellas, sonriendo a la imagen del espejo. Pens en volver a su cuarto y ponerse algo ms Sali del bao y fue a la cocina.

Los ojos de su sobrino se abrieron como platos en cuanto la vio. Enseguida desvi la mirada. Maribel, como si no pasara nada, se sent en frente de l.

Alberto se acababa de hacer una rica paja en su cama, y al ver a su ta as, volvi a tener una fuerte ereccin. Menos mal que tena puestos unos vaqueros y poda disimular.

Pero la polla le dola all encerrada, apretada, constreida, estrangulada. La ta Maribel hablaba con su madre, como si tal cosa.

Alberto miraba aquellas dos maravillas. Alberto se march. Mara le dijo a su hermana. Que soy su ta.

Adems, seguro que en su clase hay muchas chicas que van ms 'ligeras' que yo. Que aunque Alberto sea tu sobrino, Rodolfo es tu cuado y si te viera as se lanzaba sobre ti.

Vale, Mara. Ir ms tapadita. Cumpli su palabra. Nunca ms se puso aquella camiseta de tirantes delante de la familia. Pero sigui usando sus ceidos pijamas.

Y sigui recibiendo las furtivas miradas de su sobrino. Amaneci un sbado. Maribel se despert, fue al bao y despus a la cocina.

Alberto estaba ya desayunando. Me hace vieja. Lmame Maribel. Se puso a prepararse un cafelito. Los ojos de Alberto fijos en su culo, tapado por un corto pantaloncito.

Cuando lo termin, como siempre, se sent a la mesa y se puso a tomrselo a sorbitos. Ahora, los ojos de Alberto iban de su plato a sus tetas.

De sus tetas, a su plato. Me las vas a gastar de tanto mirarlas. Alberto se qued petrificado. Los colores se le subieron a la cara.

No poda ni hablar. Se senta terriblemente avergonzado. Mir a Maribel, que lo miraba a l, con una media sonrisa. No pudo resistirlo y se levant, huyendo hacia su cuarto.

Ella tambin se sorprendi de la reaccin de su sobrino. Pero que brutita eres", se dijo. Saba de la timidez de Alberto y record lo que la haba pasado haca aos con un amigo, tan tmido o ms que su sobrino.

En broma lo humill en pblico y perdi su amistad para siempre. Se levant y fue a hablar con Alberto. La puerta estaba cerrada y toc. No hubo respuesta.

Se atrevi a abrir, lentamente, la puerta. Maribel entr en la habitacin y cerr la puerta. Se acerc a la cama y se sent al lado de su sobrino.

Fui un poco bruta. El muchacho no dijo nada. Slo se frot las manos, nervioso. Segua frotndose las manos.

Y segua colorado. Maribel puso una mano en su rodilla y apret. Di que me perdonas. Alberto levant la vista y la mir a los ojos un segundo, apartando la vista rpidamente.

Maribel vio su azoramiento. Le solt la rodilla y se levant, acercndose hasta la puerta. Mene el culito. Saba que l la estaba mirando.

Abri la puerta y se gir con rapidez suficiente para ver como Alberto desviaba la mirada. Cerr la puerta y se march, dejando tras de ella a un boquiabierto Alberto.

No slo no le importaba, sino que esas miradas del tmido joven le gustaban. Cuando su marido empez a ponerle los cuernos se sinti no slo humillada, sino que hasta lleg al extremo de que su autoestima se cay por los suelos.

Se encerr en s misma y ahora ese muchacho, su sobrino, la estaban sacando de ese estado. Se empez a sentir otra vez atractiva, deseada. Y hasta, en cierta medida, excitada.

Alberto era su sobrino. Saba que la deseaba. Y saba que no deba ser as. Pero qu dao podra hacerle que la mirase?

A lo mejor as se espabilaba y hasta le vena bien. Despus de varios minutos, Alberto se atrevi a salir de su cuarto y volvi a la cocina.

All, su ta, su madre y su padre estaban desayunando y hablando. Te vienes? El chico pensaba a mil por hora. Si su ta no se iba con sus padres eso significaba que se quedara a solas con su ta.

Eso lo excitaba y asustaba al mismo tiempo, a tal punto, que estuvo a punto de decir que ira con ello. Una rpida mirada a su ta, que lo miraba sonriendo le hizo desistir.

Tengo que estudiar, mami. Nos vamos tu padre y yo. Despus del desayuno su padre y su madre se fueron a vestir y despus se marcharon.

Maribel fue a la puerta a despedirlo, y cuando regres al saln, se encontr a Alberto sentado mirando la tele.

Es que no tena ganas de estar toda la maana arriba y abajo del centro comercial. Maribel se sent en el sof de al lado. Enseguida volvieron los colores a la cara de Alberto, que no pudo aguantar la mirada de su ta y desvi sus ojos.

Mir al chico. Le gustaba el efecto que causaba en l. Verlo tan tmido, tan dulce, le gustaba. Volvi a sentirse mal por lo que haba pasado por la maana.

Se levant -Espera un momento. Ahora vuelvo. Se fue a su cuarto y busc en su ropero. Sac aquella camisa de tirantes que su hermana le sugiri no usar y se la puso, sin sujetador.

Regres al saln. As compensara el mal trago que le hizo pasar, y disfrutara ella de las miradas que tanto le gustaban.

Maribel not un cosquilleo en el estmago. Algo que no senta desde haca aos. Los ojos de Alberto al verla eran como los de aquella vez. Me la he puesto para que me perdones por lo de esta maana.

Pero no le digas nada a tu madre, eh? Se volvi a sentar. Alberto se puso a mirar la tele, evitando mirar hacia ella.

Me he puesto as para que me mires a m, no a la tele. Con gran esfuerzo y la cara ardiendo, Alberto se atrevi a mirar a su ta. Estaba preciosa.

Y esas tetas Se qued mirndolas. Y saba que ella lo miraba a l. Al fin eres rotundo. Alberto se atrevi a sonrer. Su corazn empez a latir con fuerza cuando ella se levant y se sent a su lado.

Hasta el lleg el ligero aroma se su perfume. Sinti que la polla se le empezaba a poner dura, y asustado, se puso con disimulo las manos encima.

Maribel se dio cuenta. A su sobrino se le estaba poniendo la polla dura. En otras circunstancias, todo habra acabado ah.

Incluso no habra ni siquiera llegado a ese punto. Pero su separacin, su falta de cario, su falta de sexo. Aquel muchachito tan dulce, tan tierno. Y por qu Lo vio temblar.

Rojo como un tomate. Te ponen Maribel se dio cuenta de que se estaba comportando como una autntica zorrita con su sobrino.

Pero lo malo no era eso. Lo malo es que le gustaba. Alberto no contest. No poda. Estaba petrificado. Y ms petrificado se qued cuando Maribel acerc sus manos a las suyas y las apart.

El bulto en su pijama era evidente. Mi sobrinito tiene algo duro ah escondido. Maribel se estaba excitando con todo aquello.

Sus pezones se empezaron a endurecer y a marcarse bajo la camisa. Y su coo se empez a mojar. Haca mucho tiempo que no se le mojaba.

Y qu haces cuando se te la pongo as? Maribel se acerc un poco ms, hasta que sus muslos se tocaron. Los dos sintieron escalofros.

Venga, dile a la ta Maribel si te la tocas cuando se te pone as. Su coo ya era un mar de jugos. Sus pezones le dolan de lo duros que estaban.

Y la polla de su sobrino pareca querer romper el pijama y salir. Maribel ya no poda ms, pero el hecho de que Alberto fuese su sobrino la retena un poco.

Alberto la mir, asombrado. Claro que se las quera ver. Era lo que ms deseaba en el mundo. Pero las palabras no se salan.

Se miraban a los ojos. Pero es tan difcil vrtelos. Si me lo pides, te las enseo. Qu quieres? Pdemelo bien Pdeme que te las ensee.

Alberto aspir. Cogi aire. Y mirando a su ta a los ojos, le dijo. Maribel se agarr la camisa por la cintura, tir de ella y se la quit por la cabeza.

Sus dos preciosas tetas quedaron libres, a la vista de Alberto. A ella le encant como l la miraba. Cruz las manos por delante, levantndolas un poco.

Las tetas ms bonitas que he visto en mi vida. Has visto muchas, bribn? Y al natural cuntas has visto? Las de ninguna novia?

Los colores haban desaparecido. Volvieron con la pregunta. Eres virgen, Alberto? Respondi con un apenas audible s. Eres muy joven. Ya vers como cuando aparezca la chica adecuada Alberto la mir a los ojos.

Llenos de splicas. Ella comprendi lo que esos ojos pedan. Pero eso no era posible. La mirada de Alberto se dirigi a las tetas nuevamente.

Maribel acariciaba su mano. Su suave mano. La mir con la boca abierta. No se poda creer que todo lo que estaba pasando fuese verdad. Como a cmara lenta vio como su mano, guiada por la de su ta, se acercaba a una de las preciosas tetas.

Casi se corre en el pijama cuando sus dedos la tocaron. Maribel le solt la mano. Alberto no solt la teta.

Era suave, clida, dura. Ella le sonrea. Las tengo muy sensibles. Alberto empez a mover sus dedos. Acariciaba con las yemas, muy suavemente.

Mir el oscuro pezn. Se atrevi a pasar su pulgar sobre l. Estaba duro. Haca mucho que no me acariciaban as. Maribel senta su coo palpitar entre sus piernas.

Su sobrino la estaba calentando mucho. Su inocencia la tena loquita. Mi otra tetita se siente sola. Esta vez sin ayuda, Alberto llev su otra mano a la otra teta, y con ambas manos, las acarici.

Hay que acariciar, no estrujar. Me ests poniendo Un nuevo escalofro recorri la espalda de Alberto. La mujer de sus sueos le acabada de decir que l la estaba poniendo cachonda.

Maribel entrecerr los ojos. Mir hacia la polla de su sobrino. Hubiese jurado que palpitaba bajo el pijama. Cmo sera? Mientras l segua acariciando y pellizcando con dulzura, acerc una mano hacia polla.

La puso sobre ella y apret. El cuerpo de Alberto se tens. Los dedos se apretaron contra las tetas. Maribel sinti como la polla tena espasmos.

Su sobrino se estaba corriendo. Maribel not por lo menos siete contracciones de la polla. Una mancha de humedad se empez a hacer visible.

Alberto le solt las tetas y se qued mirando al suelo. Si hubiese habido un agujero se hubiese tirado de cabeza sin pensarlo. Lo siento. No pasa nada.

Estabas demasiado excitado. Es normal. No le solt la polla. Dej all la mano. La mancha aumentaba de tamao. Tendr que lavarme los calzoncillos y el pijama -Jeje, s, porque si tu madre lo ve se va a preguntar que qu hiciste para apret la polla - correrte en los calzoncillos.

Otra vez los colores encendieron sus mejillas. Maribel lo mir. Maribel abri sus piernas. La mirada de Alberto fue directa a su coo.

Claramente visible, haba tambin all una macha de humedad. Ella no se haba puesto bragas. Pero estoy muy muy mojada. Ummmm ya no puedo ms.

Me ayudas a correrme? Solt la polla y le cogi una mano. Alberto se dej guiar hasta el pijama. Ella presion la palma de la mano en la zona.

T me lo has puesto as. Y ahora te voy a ensear a hacerle una pajita a tu ta. Quieres que tu ta te ensee a hacerla correr con tus dedos?

Le gui la mano hacia arriba, hacia el elstico del pijama. El corazn de Alberto iba a mil por hora. Vio como sus dedos se metan por debajo del pantaloncito.

Lentamente, como ella le deca, fue metiendo la mano. Maribel se ech hacia atrs, pegando su espalda al respaldo del sof.

Miraba a los ojos de su sobrino. Eran en verdad preciosos. El primer coo que tocaba. El de su adorada ta.

Estaba caliente, mojado. No le cost nada pasar las yemas de sus dedos arriba y abajo. Siempre, despacito. Mir a su ta, buscando aprobacin. Ella gema de placer, con los ojos semicerrados, la boca abierta.

Lo recorri de arriba a abajo. Introdujo los dedos entre los clidos labios. Fue subiendo otra vez y not una zona distinta, como un botoncito.

Cuando sus yemas lo tocaron, la espalda de su ta se arque sobre el sof. Acaricia alrededor, con suavidad Alberto empez a acariciar alrededor.

Maribel se contorsionaba de placer. Y l la miraba. Estaba muy hermosa. Ms que nunca. Gimiendo del placer que l le daba. Era tan sexy, tan ertico mirarla.

Y le aguantaba la mirada. Ella lo miraba fijamente, gema y cerraba los ojos. Se pasaba la lengua por los labios, que se le resecaban una y otra vez al respirar por la boca.

Una boca preciosa. De labios gruesos. Eran una tentacin. Vas a hacerme correr Maribel cerr los ojos. Se pas la lengua una vez ms por los labios.

Se mordi el labio inferior y empez a separar su espalda del sof, dejando la cabeza apoyada. Jams en su vida Alberto olvidara ese momento.

El momento en que proporcionaba su primer orgasmo a una mujer. No apart los ojos de su bello rostro, crispado por el placer.

Sinti como ella se tensaba. En sus dedos not un aumento de humedad. Las preciosas tetas acercndose a su cara. Maribel cerr con fuerza sus muslos, atrapando la mano que la estaba haciendo correr tan maravillosamente.

Como haca mucho tiempo que no lo haca. Aquel inexperto muchacho la estaba haciendo gozar con gran intensidad. Alberto vio como ella se relaj.

Su cuerpo cay de nuevo hasta el sof. Sus muslos ya no apretaban su mano. Los ojos seguan cerrados. La respiracin acelerada haca que su pecho subiera y bajara.

Que sus tetas subieran y bajaran. Una sonrisa en sus labios. Labios tentadores. Baj su cabeza, acerc su boca a la de ella y la bes. Tembl de pies a cabeza.

Cerr los ojos para concentrarse en la sensacin de aquellos labios. Cuando los abri, los de su ta tambin estaban abiertos.

Y le miraban. Se separ, temiendo haber ido demasiado lejos. No haba pedido permiso para poder besarla.

No se haba separado ms de 15 centmetros cuando Maribel llev una mano a su nuca y lo atrajo hacia l. Lo bes con pasin, abriendo la boca, buscando su lengua.

Se besaron largos segundos. Se separaron. Ambos sonrean. Es la mejor paja que me han hecho en mi vida. El joven se hinch de orgullo.

Haba hecho gozar a la hermosa mujer con sus manos. Esta vez no hubo explosin. Adems, lo que quiero es sacarte ms. Venga, hrtate de teta. Alberto llev sus manos a los objetos de su placer.

Las dos estupendas tetas de Maribel. Las acarici y empez a gemir.

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